miércoles, 15 de febrero de 2012

Preso e Hijo de Dios!


Nuevamente nuestra querida Honduras está de luto! Más de 350 compatriotas fallecieron quemados en la penitenciaría de la ciudad de Comayagua, a raíz de un inexplicable incendio sucitado ayer a las 10 de la noche (horrible forma de cerrar el día de San Valentín). Mis líneas no pretenden ser una fuente noticiosa o algo parecido...para eso están los periodistas haciendo sus respectivas coberturas.

En este momento de dolor en el que mucha gente que se ha quedado sin esposo, padre, hijos, tíos, abuelos y amigos, sólo deseo reflexionar sobre el valor de la vida. Perdón si utilizo este espacio para hacer catarsis o dar a conocer mi sentir! Y es que me refiero al valor de la vida, porque muchos no creemos en los accidentes o "corto circuitos", cuando de incendios en establecimientos penitenciarios se trata. Muchos creen que hubo mano criminal.

La vida de los privados de libertad es tan valiosa como la nuestra! Nadie tiene derecho a interrumpirla! Ellos al igual que usted y yo, merecen ser tratados con dignidad y vivir en condiciones humanas, no infra-humanas. Ellos al igual que usted y yo, son hijos de Dios!
Ellos al igual que usted y yo,  merecen el perdón y la infinita misericordia de nuestro Señor! Por eso existe la pastoral penitenciaria en nuestra Iglesia Católica: estas almas pueden ser salvadas y retomar el camino que Dios siempre quiso para ellas!

Hoy más de 350 hijos de Dios, han regresado a la Casa del Padre! No me corresponde juzgar sus delitos. Si el incendio fue premeditado, este delito supera a cualquier otro cometido por los difuntos.

Recemos por estas almas, por sus familiares y por nosotros mismos, para que nuestra indiferencia y comodidad, no sean cómplices de más muertes.

1 comentario:

Salvador dijo...

Desde hace unos meses colaboro en la pastoral penitenciaria. Ayer miercoles tuve en la carcel catequesis con Humberto Zampe, un argentino de 67 años.

Fuí algo desmoralizado, como oveja entre lobos, porque la indiferencia se nota. No sé si vemos personas o objeos que allí están encerrados. Pero el ESPÍRITU anima y al compartir con Humberto, escucharle atento sus avatares, su desorganizada vida, pero la Gracia se hizo presente, y el gozo nos inundó de alegría.

Una cosa nos unió y nos dió esperanza, CRISTO nos une y en ÉL, a pesar de nuestros sufrimientos, que como ÉL tendremos que padecer, vivimos en la esperanza de una vida que ya se hace nueva, gozosa y eterna.

Me uno en oración por todos esas personas, hijas de DIOS como yo, con la misma dignidad y el mismo Amor del PADRE, para que la Misericordia del PADRE común nos acoja en su Gloria.

Un fuerte abrazo en XTO. JESÚS.